Topofilia

Topofilia  /  paisajes

El término topofilia, tal y  como ha sido desarrollado por Yi Fu Tuan, funde los conceptos de sentimiento y lugar. Englobado en la corriente de la geografía humanista, analiza los vínculos afectivos que el ser humano genera hacia un lugar específico; según él los sentimientos topofílicos requieren de un tamaño compacto, reducido a una escala limitada por sus capacidades sensoriales. Así mismo requieren de un conocimiento íntimo y personal. Somos capaces de generar apego o desapego a un lugar concediéndole atributos subjetivos en base a una cosmovisión propia.

Una forma particular de topofilia es hacia el campo, que según nos indica Tuan, para entenderla es necesario recurrir a su antítesis, la ciudad  “una vez que una sociedad alcanzó un cierto nivel de artificio y complejidad, las personas comenzaron a notar y apreciar la simplicidad relativa de la naturaleza”.

Hoy día el contacto físico con nuestro entorno natural tiene en gran parte un carácter recreativo. Del placer visual que nos ofrece la naturaleza da fe el incremento del turismo dirigido a los lugares más esplendorosos del planeta. Orientado a visitar más que a conocer, puesto que el conocimiento requiere de tiempo y es precisamente de lo que carece. De la misma forma,  cierto tipo de trabajos sobre el paisaje, se plantean de forma similar, ofreciéndonos un catálogo de lugares de interés, visitados, no habitados. La autora en este proyecto huye de este planteamiento, centrándose en un único lugar al que le une un fuerte vínculo afectivo, gestado a lo largo de años.  Por ello puede decirse que es un proyecto deliberada y esencialmente topofílico.

Está dividido en dos partes,  una primera se basa en el paisaje, del que son muestra las fotografías incluidas en este portfolio, representa la mirada a este pequeño fragmento de naturaleza, limitado, conocido, querido.

En esta parte adopta un planteamiento no exento de cierto carácter romántico. No hay intervención en el paisaje, no hay una conceptualización de los aspectos que tienen que ver con la territorialidad, hay un único deseo de comunicar la comunión apacible y natural con este entorno.  Por ello dirige la mirada hacia los rincones pequeños y recluidos, envolventes y uterinos que intensifican la propia capacidad de reflexión metafísica.  Son los rincones más boscosos y asilvestrados, los que se extienden a lo largo de regueros y arroyos, los que se ocultan entre sus laderas, con una composición formal cercana al expresionismo abstracto y la pintura all over.  En un primer golpe de vista vemos una masa herbácea y leñosa en la que el color es parte estructural y que tras una observación pausada, nos va descubriendo los pequeños elementos que conforman esa masa vegetal;  hojas, ramas, líquenes, hierbas o pequeñas flores  y nos va desvelando un paisaje de una belleza sensual.

Y una segunda parte, en desarrollo,  que mediante técnicas mixtas y de superposición de transparencias fotográficas, a modo de estratos,  representa personas, individuos y elementos naturales o artificiales, orgánicos e inorgánicos,  que han transitado/habitado/ocupado este lugar; que se suceden, se transforman, se superponen, en una estratificación espacio-temporal. Una reflexión también sobre el hecho de que la realidad se construye desde la percepción que tenemos de ella a lo largo del tiempo.

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